Cayetano Rivera Ordonez - interview Vanity Fair III

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Plaza de las Ventas de Madrid. 26 de septiembre. Recorro la exposición conmemorativa de los 25 años de la muerte de Paquirri. Las fotos, en blanco y negro en su mayoría, lo muestran vestido de luces casi niño, en la plaza portátil de Barbate. Alguna cornada, varias salidas en hombros. Un retrato con Carmina Ordóñez y los niños, otro con Isabel Pantoja y Quico, entonces Paquirrín, recién nacido. Tiempos duros y tiempos felices. “A Paquirri le encantaba salir en las revistas, no como a Cayetano. Decía que ser popular lleva a la gente a la plaza. Él venía de un entorno humilde y su apoderado, José Cámara, lo tuvo un año viviendo en el hotel Palace de Madrid para que se acostumbrase a la etiqueta, a cenar con chaqueta y corbata y a alternar”, recuerda Pedro Toledano, que un día a la semana se lo llevaba a La Trucha, en la Gran Vía, a comer pescaíto frito con las manos. “La obsesión de Paco fue siempre ganar dinero para los suyos, prosigue. Poco antes de morir me dijo: Me quedan sólo 18.000 dólares para llegar al millón. Yo le decía: ¡si tú no gastas ni bromas!”. Cuando intento averiguar el caché de Cayetano la respuesta de Curro Vázquez es: “Di que gana para vivir bien, que es de los más cotizados”.
—¿Cuál es el primer recuerdo que guarda de su padre, de su infancia?
—El campo, sobre todo. Los caballos, la escopeta de plomillos, las bicis... En casa jugábamos al Un, dos, tres, se hablaba del toro mucho y con respeto.
—¿Ser hijo de divorciados le hacía sentir diferente en el colegio?
—¿Diferente? Es que nosotros, al margen del divorcio, ya éramos diferentes en el colegio, y teníamos por ello nuestros problemillas. Los niños son crueles a veces y tanto mi hermano como yo vivimos nuestros rifirrafes con algunos compañeros.
El padre de Antonio Vega fue mozo de espadas de Antonio Ordóñez, el abuelo de Cayetano. Hoy, este sevillano que lo conoce desde que nació sigue siendo uno de sus mejores amigos. Cuando lo llamo acaban de emitir por televisión la miniserie 'Paquirri' (más de tres millones de espectadores) y está dolido. “Se han centrado en el morbo, como siempre”. Sus recuerdos son muy distintos. “Carmen y Paco eran sencillos y buenos. A sus hijos los mimaban mucho, así que de pequeños eran muy caprichosos, pero luego ya no, porque su madre insistía mucho en que fueran educados”.Si esto fuera una corrida de toros diría que cuando cito a Cayetano a hablar de sus padres se me va hacia la puerta de chiqueros, a su territorio seguro. Nada extraño en alguien que nació con las cámaras de televisión y la prensa rosa como testigos. La de su familia ha sido la historia con todos los ingredientes de un folletín que España entera ha devorado. El romance de sus padres, —ella, niña bien de Ronda, él humilde y triunfador en el ruedo, guapos los dos—. Su boda en 1973, el nacimiento de sus hijos, el divorcio, la segunda boda de Paquirri con Isabel Pantoja, los enfrentamientos de ésta con los Rivera, las bodas de Carmina con Julián Contreras y Ernesto Neira. Las rupturas. Con posados, robados, exclusivas y excesos y detalles escabrosos incluidos Y el punto cúlmen del drama, la muerte prematura de Carmen el 23 de julio de 2004, víctima de un infarto. Y Cayetano siempre callado, sin entrar a ningún trapo.

—¿Cómo quiere recordar a su madre?
—Yo, como hijo, con todo el amor del mundo. Siempre fue una buena madre para mí y para mis hermanos. Tenía sus cosas buenas y malas, como todo el mundo, pero ella vivió su vida como quiso.
—Ella insistió en su educación y lo mandó a estudiar al extranjero. ¿Recuerda su primera noche fuera de casa?
—Yo tenía once años y mi madre nos apuntó a mi hermano y a mí a un campamento en EE?UU, sin saber una palabra de inglés, Lo pasé fatal, lloré mucho, pero luego no me quería volver. Así que, cuando a los 14 años me vendieron la idea de ir a un internado suizo, me pareció bien. Era como cuando se queda un amigo en casa a dormir, pero todos los días.





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